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El hombre siembra la semilla y con el tiempo cosecha lo que sembró,
y lo mismo, cada año, recoge los frutos de las plantas.
También, por ignorancia, siembra maldad, que cosecha irremediablemente,
en forma de amarguras de índole física y moral. La
ignorancia viene de la rusticidad, contenida en el espíritu,
como la sal en el pan.
Cada dos mil años, por voluntad de Dios, sucede el magno
acontecimiento de la Regeneración del espíritu de
la humanidad, que consiste en Enseñar la verdad de Dios para
comprenderlo y así, obedecerlo.
La regeneración instruye al ignorante, le hace comprender
la existencia de Dios y le inculca la más hermosa de esas
verdades: Tener confianza en Dios. Si Dios te ha formado, sabe también
reformarte.
Cabe decir que esa reforma (la regeneración misma) no está
exenta de sufrimiento: El sufrimiento es tan necesario, como lo
es el aire para la vida, o el agua, o el sol.
Nuestra Maestra, explicaba, con particular esmero, esta difícil
noción acerca de la regeneración, que es hasta incomprensible
para la mayoría de los seres humanos; solo la comprenden
los elegidos o escogidos para la obra de regeneración.
Decía la Madre: "Hijos, nadie quiere sufrir;
ninguno quiere el sufrimiento, pero tenéis que sufrir"
y en otras ocasiones también decía: "Si venís
a mí para que os quite el sufrimiento, es señal de
que no me habéis comprendido: Aliviaros vuestro sufrimiento,
sí, pero salvaros de él, no" y repetía
las palabras del Maestro: "Ahora tengo que ascender; no me
veréis, pero ya sabéis que no soy muerto; vosotros
tampoco moriréis; algún día, cuando perfecto
sea vuestro espíritu, a mi lado os conservaré eternamente,
sin sufrir, con las dichas eternas del Universo.
Pero mientras tanto, para hallar lo que os haga falta para cubrir
vuestras necesidades, llevadme en vuestro corazón, que yo
estaré con vosotros, cerca de mi Reino para ayudaros a resistir
vuestros sufrimientos, a vencer, aliviar y pulir... pero Evitar
vuestros sufrimientos, no os hagáis ilusiones (y nuestra
Madre terminaba la frase dicha por Jesús, agregando:
"... y yo os digo lo mismo").
El
sufrimiento pule nuestras imperfecciones, que equivale a afirmar
que poco a poco va quitando la ignorancia de nuestros espíritus
y se convierte en bueno lo que es malo. Es la ley de Dios.
Dios no ha formado al espíritu de la humanidad su joya
predilecta para dejarla perder; todo lo que Dios ha formado desde
el principio, es eterno, no puede perderse jamás. El mal
mismo, se trocará bueno, inexorablemente, y de lo último
que fue (fango) llegará a ser Esencia Pura, Dios.
Dios, nada crea después del Principio, porque el fin lo
concibió en el Principio mismo. Toda la vida que vemos formar
ahora (el nacimiento de seres, animales y plantas) no es sino el
cumplimiento de la ley de la Multiplicación creada o dispuesta
al Principio, y el fin no es otro que llegar al Principio
Dios.
Quién comprenda lo que acabo de decir, cosechado de aquel
Faro luminoso Maria, habrá dado un gran paso, Un gigantesco
camino ganado hacia la comprensión de la Voluntad Divina,
que es la de quitar el fango (en nosotros) y llegar a esencia pura-Dios.
Por eso es que cada Veinte Siglos, también inexorablemente,
se cumple otra de la leyes divinas: La Cosecha Humana, que viene
sucediendo desde centenares de siglos: Conocida es la narración
bíblica del diluvio universal y los que se salvaron en el
Arca de Noé; más, también hubo cosecha humana
en la época de Jesús, pero no como "diluvio"
de agua, sino de calamidades (pestes, enfermedades, hambre etc.)
Dios es la misericordia misma: No es El quién desata el
diluvio, sino que la humanidad va formando con su mayoría
de maldad el ambiente contaminado y se destruye a sí misma,
(en el aire está, y no se ve, toda la cizaña que la
humanidad fue sembrando después de terminada cada redención:
vicios, pasiones, sufrimientos no aceptados o admitidos con resignación,
crimen, el veneno que se coloca para no sufrir, el veneno que se
coloca para crearse un falso placer corporal, malos pensamientos,
como tienen los que critican, murmuran, infamian, injurian, calumnian,
no perdonan, etc.)
Cuando ese ambiente, formado por los seres que dejaron su cuerpo,
y que al dejarlo lo hicieron envueltos en tanta cizaña, llega
a ser, ya, insoportable para quienes están con cuerpo, sobreviene
el remedio divino: la Cosecha humana.
En el párrafo que antecede digo, que la humanidad se destruye
a sí misma: es menester aclarar que, con ello quiero significar,
no la muerte del espíritu, - ya que éste es eterno
como su Creador - sino que la maldad, que en constante aumento nutre
al espíritu obnubilando la conciencia, crea afinidad espiritual
con la mayoría de maldad que en el aire están y los
seres atraen, como el imán, ese ambiente retrógrado
para su regeneración.
Y así explicaba nuestra Maestra: Hijos, el espíritu
tiene su poder de atracción: por eso os recomiendo que tengáis
cuidado con quienes vais a andar. ¿Veis?: Esto es un imán...
¡Y qué poder tiene, eh! Cuántos alfileres, y
clavos atrae y pegados a éstos otros alfileres y clavos.
Pues debéis creer que todas y todos, sin quedar ni uno, tenemos
eso. Cada uno atrae a los demás: todos y todas igual, comprendan,
entonces, de dónde vienen los verdaderos contagios ¡Por
el aire!, hijos.
¿Y os parece a vosotros que aquel que ha formado el armazón,
el molde y maniquí, con los obreros necesarios para elaborar
las esencias y formar el espíritu que va a llevar con el
cuerpo, va a dejar perder tanta grandeza? ¡A ver si alcanzan
a comprender que no se muere!
.
Y agregaba la Madre, refiriéndose a otras enseñanzas:
No os hagáis. pues, ilusiones. Yo quiero que os vayáis,
cuando os toque, con un cuerpo bien limpio, y para eso tenéis
que andar siempre con Dios... Así como son aquí, así
están allá. Ah ¡Pero allá, nadie les
enseña nada eh! ¡Pobres mártires: cuanto se
colocan en el cuerpo, lo llevan en la envoltura de su espíritu...
Muchos no quieren beber y beben... ¡Cuántos no quieren
robar y roban! ¡Y cuantos no quieren hacer cosas que no convienen
y las hacen ... ¡Y cuantos quieren y no las hacen! Es claro
conforme a los andan con ellos sin cuerpo.
Y más adelante agregaba nuestra Madre: Al tísico
nadie lo quiere, por bueno que sea, y ¿Por qué? porque
tienen miedo al contagio, y todos se alejan de él.
Y los que andan con el mal ¿Qué llevan entonces?:
La malignidad de las amarguras y pasiones... ¿ Y cómo
se van cuando dejan su cuerpo? Tísicos, cancerosos, ciegos,
mudos, sordos, paralíticos, borrachos, víctimas de
catástrofes, desastres, etc. En ninguna parte están
bien: tienen hambre, y comen y no están bien; tienen sed...
Beben, y no están bien; se acuestan a dormir, lo mismo (la
Maestra se refería, es obvio decirlo, a los que dejaron su
cuerpo y vienen con nosotros pasándonos la misma idea de
su particular martirio).
También enseñaba: "...el cuerpo en la fosa queda
¿Y qué cuerpo lleva? El de la enfermedad. El borracho
lleva la borrachera a cualquier parte que vaya y cuando deja su
cuerpo en la tierra ¿Qué lleva en su espíritu?
Lo mismo que aquí, dolor, enfermedad, vicios, todo... Tienen
frío y no pueden calentarse, tienen calor, lo mismo. Y bueno
hijos recordad que somos nosotros los maniquíes para arreglar
a aquellos, pues, ¿Dónde queréis que vayan?
Así que comprendan lo que gira en nuestro derredor."
En cuerpo humano se formaron en el mundo, y en cuerpo humano al
mundo tienen que volver. ¡Imaginad qué ambiente tenemos!...
Somos peregrinos en el mundo, vamos y venimos a progresar: Si llevamos
en nuestro corazón a Dios, sentimientos y obras de El, queda
lo de Dios, dónde quiera que estemos y según la Confianza;
si en vez, andamos más en lo mundano que en Dios, el resultado:
más vicio, más pasiones, más maldad. ¿No
lo palpáis todos los días?"
El espíritu de la humanidad, como se ha enseñado
por Nuestra Madre, es un imán en el que se adhieren
(por así decirlo), según su "afinidad",
las esencias buenas o malas, (hoy más malas que buenas, al
punto que nuestra Madre dividía el todo esencia
en cuatro partes y adjudicaba al mal tres partes y al bien solo
una).
El espíritu de la humanidad, no es, como la esenciaDios,
ni simple, ni pura, sino compuesta de rusticidad, pero todas esas
esencias rústicas están fuertemente imantadas a una
partícula divina "Dios": Ningún ser, sea
humano, animal o vegetal, carece de esa chispa divina: "Si
todos tenemos vida, todos tenemos esa partícula divina-Dios."
Dios es la fuente, es el origen principio de la vida. No
se mueve una brizna de hierba sin voluntad. Todo lo que Dios creó
y formó, es Eterno; nada ni nadie puede contra su creación.
Por lo tanto, nuestras vidas son eternas. Nada ni nadie puede quitarle
a Dios lo que creó o formó, confiriéndole vida,
de El venida.
Dios ama y protege también al mal, porque su Principio creador,
ley primera, es que todo lo rústico "se haga bueno,
como El (ley de regeneración). Por ser principio divino,
es que Nuestra Madre decía: "El mal viene a la
Regeneración y el Bien está para la protección
del mal."
El mal (es esencia rústica con vida) que se adhiere o se
posesiona de los seres con cuerpo, (por causa que ahora no es menester
explicar) pero obedeciendo siempre a la ley de la afinidad espiritual,
queda junto al ser objeto de su posesión y no puede desprenderse
mientras siga subsistiendo esa afinidad, así como tampoco
el espíritu de la humanidad puede separarse nunca jamás
del imán divino
Por lo expuesto es que nuestra Maestra decía: refiriéndose
a la necesidad de que el espíritu tenga, voluntariamente,
afinidad con el bien. Somos peregrinos en el mundo; vamos y venimos
a progresar: "Si llevamos a Dios en nuestro corazón,
sentimientos y obras en El, queda lo de Dios en dónde quiera
que estemos y según la Confianza: si en vez andamos más
en lo mundano, el resultado será: Más vicios, más
pasiones, más maldad ¿No lo palpáis todos los
días?... Y aquellos que pongan de su parte empeño
en dejar aquello que no conviene, lo conseguirán, pero si
siguen con la idea metida en lo mundano, llegará el día
que mucho tendrán que sufrir."
Quienes no comprendan por qué la humanidad se manifiesta
con tanta maldad, de siglo en siglo cada vez peor, no obstante que
todos tenemos la chispa divina, purísima, porque de Dios
es venida, sabrán, de todos modos que nuestra envoltura espiritual
es rústica (es decir ignorante y por lo mismo, de manifiesta
maldad) y según sea la mayor o menor rusticidad, así
será mayor o menor su maldad, la que se va perdiendo a medida
que las múltiples reencarnaciones van conduciendo al espíritu
hacia su limpieza, hasta llegar a ser esencia pura-Dios.
Como consecuencia de tales divinas enseñanzas, y como nos
decía la Maestra: "Cuando la maldad llega hasta más
no poder (que sucede al fin de cada 20 siglos), no queda más
que un remedio divino: La cosecha Humana, llevándose nuestro
Creador tres cuartas partes de la humanidad, quedando la cuarta
parte restante para que con ella comience la Nueva era de la vida."
Es allá dónde se reconoce (porque el espíritu
no tiene la cárcel del cuerpo) no haber comprendido a Dios.
Es allá dónde se reconoce haber obedecido a la idea
que engendra el mal, dejándose llevar por su inclinación
o impulsos; y comienza el arrepentimiento, pero arrepentirse no
es corregirse, si bien muchos son los que además de arrepentidos,
toman cuerpo, corregidos de su maldad. Más ni el arrepentimiento,
ni la corrección trae el perdón de los hechos cometidos
contra nuestros semejantes, y como nadie allá los ha instruido
acerca de las cosas de Dios (para instruirse se requiere el cuerpo
de la tierra), se vuelve a la inclinación de la maldad.
Decía nuestra Maestra: "No os hagáis, pues,
ilusiones. Yo quiero que cuando os vayais, vayáis con cuerpo
bien limpio, y para eso tenéis que andar siempre con Dios."
Los míos no se irán duros ¡tendrán que
estar con muchos diablos, encima, para irse duros.
El espíritu humano, por rústico que sea, llegará,
por la regeneración, como la flor que viene del fango a ser
Puro y Limpio. El no ha formado el espíritu para que luego
se pierda.
Ya sabéis que no pudo formarlo sino de las rústicas
esencias que encontró, pero combinó y supo arreglar
para que en las múltiples reencarnaciones vaya sacando la
parte mala que contiene.
Al comenzar la Nueva era de la vida, comienza, también,
un período de bondad porque Dios se ha llevado la mayoría
de maldad y lo que queda es mayoría de bondad (no pureza),
decía nuestra Madre, como comentario de ello, que
para entonces hasta "Las aves del cielo se posarán sobre
los hombros de los que quedaron para iniciar la Nueva era de la
vida, y no se espantarán."
Más poco a poco, vuelven aquellos que fueron objeto de la
cosecha divina, sin más maldad que la contenida en su propia
esencia rústica espiritual y en el decurso de los siglos
el mal vuelve a desarrollarse, (contagiando por el aire, como se
contaminan las enfermedades transmisibles) hasta más no poder,
y así cada 20 siglos, nueva Cosecha Humana, pero en las idas
y venidas y en los sufrimientos (como la fruta que madura) poco
a poco sobreviene la comprensión acerca de la Verdad y con
ello, la regeneración.
La verdadera grandeza en el Universo, es la "Fe en Dios y
la regeneración de la humanidad" dijo la Maestra.
Cuando se está allá, sin cuerpo, Dios no les enseña
nada, ni puede hacerlo: "Se requiere cuerpo y el Maestro que
enseñe lo que es de Dios": Son los Maestros que voluntariamente
comienzan y terminan la obra -cada 20 siglos una vez- Tampoco obliga,
Dios, a la maldad, a arrepentirse, ni a corregirse: Esta maduración
espiritual sobreviene sola, con el sufrimiento. NI tampoco castiga
Dios, ni al más perverso, el sufrimiento es el remedio que
está rigiendo la regeneración desde el Principio de
la causa inicial por lo que nuestra Madre decía: "El
sufrimiento es la verdadera dicha de la humanidad."
De tales enseñanzas, y emanadas de quien ha sido precursora
de los pasos del Nuevo Mesías, pronto a estar otra vez con
nosotros, queda claro que por medio del espíritu-imán,
Dios tiene el poder de llevar al más allá, no solo
al espíritu de la humanidad, sino también a las esencias
provistas de toda ignorancia (maldad), por lo que entendemos que
el mal no puede quitarle a Dios nada de lo que es fruto de su Creación,
y en cambio, Dios transforma todo el mal que ha quedado aprisionado
en el Espíritu humano, por el imán del que tanto nos
hablaba nuestra Maestra.
Nuestra Madre nos instruyó incesante e infatigablemente
, acerca del llamado Hijo rebelde, que es el que gobierna las esencias
de toda maldad, que las reúne para envolver a la humanidad
en el torbellino de su perfidia.
Está escrito por Ella, está hermosa frase: "Dios
ama a todos sus hijos, solamente que no puede hacer como son sus
deseos, para poder formar una familia fraternal, por existir el
hijo rebelde, que, como ya os he enseñado, aprovecha la ignorancia
de sus hermanos; no comprende a Dios y pone la cizaña para
envolver a la humanidad en el torbellino de todo lo mundano y arrastrarlo
a las embravecidas olas del mar de lo mundano, para precipitarla
a todos los abismos de la degeneración."
Hoy vemos el terrible espectáculo que aflige al mundo: Guerras
entre naciones, guerra en los hogares, hambre, desconocidas enfermedades
en la humanidad y en la hacienda y agricultura; los hombres no se
entienden ni se comprenden, padres contra hijos y estos contra aquellos,
inundaciones, sequías, terremotos. Desova el mal de todo
lo malo sobre la humanidad, hasta el punto que lo que debió
ser un santuario: La mujer; hoy es objeto de desconsideración
e irrespetuosidad, cumpliéndose la profecía de nuestra
Maestra que previno: "A vosotras mujeres, os digo: va a llegar
el día en que no podréis andar solas por las calles
sin que os falten de todo el respeto y luego que ni a la puerta
de vuestras casas podréis salir."
Compréndase, pues, cuán necesaria es la Cosecha humana,
en estos mismos instantes: ¿Qué solución, que
no sea otra, podría Dios aplicar? Y por eso dijo la Maestra:
"Démosle facilidad a Dios, con la Fe y la Confianza,
para evitar lo que viene. "Estamos en el siglo de la Cosecha
humana; de cuatro partes tienen que desaparecer tres, segados o
vendimiados: con el bien o con el mal.
"Lo que debemos hacer es estar preparados para la ida. No
me gusta la siega; me gusta la vendimia." Dios los quiere limpios
y despejados, cortado el sufrimiento. "El mal quiere la siega,
tronchados en catástrofes y desastres. Esos son los que se
van con el sufrimiento.
"Por eso os recomiendo, vayáis siempre de corazón
en Dios; porque aunque el mal pueda tronchar la planta, ¿Qué
importa, si yo antes tomo la fruta?"
"Y no os hagáis ilusiones, porque nada está
seguro en la vida."
"Dónde ahora es agua, se transformara en tierra; y
dónde es tierra se formara agua. Estamos navegando y esta
nave se va a pique."
"Quedara una parte dónde empezará una era de
la vida, en la tierra de
promisión, La República Argentina."
"Para entonces ya estaremos en puerto de salvación."
"Hijos, la unión es la fuerza para ayudar a Dios a
evitar lo que viene".
"Dichoso del que comprenda, rico o pobre: Ese será
el verdadero rico. Aunque no tenga qué comer, ha de tener
el maná; y los otros no tendrán qué comer,
y no se van a comer el dinero."
"Cuando termino la guerra y se le decía a nuestra Madre
que ahora estaríamos mejor, La Madre contestó:
"Hijos, la guerra no terminó, porque existe el mal y
dónde pueda y como pueda los va a hacer sufrir."
Dice la leyenda: Cuando exista la destrucción de reino
contra reino, de nación contra nación, de padres,
hijos, hermanos, y parientes, catástrofes, desastres, miserias,
hambre y demás, os digo que está próxima la
venida del "Mesías."
"El hijo rebelde por más que se lo proponga con tanta
cizaña, nunca podrá reinar en el reino de Dios. Y
por más que quiera doblegar a la Humanidad, no pudo, ni puede,
ni nunca podrá, porque le falta la Sabiduría divina:
"Todo lo que se imantó -de maldad- en el espíritu
de la humanidad, el mal no lo puede recuperar para sí, pues
Dios lo lleva en su Cosecha para quitarles la mayoría de
maldad."
"La humanidad comienza de nuevo, como al principio, (tres
partes buenas y una mala) aunque después como nos enseño
la Maestra, en el devenir de los tiempos, vuelve otra vez a ser
arrastrada "a las embravecidas olas del mar de lo mundano"
y así, se va llegando, por fin a lo Primero-Dios, que, comprendiéndolo,
se lo obedece, hallando, en la obediencia, lo más hermoso:
la Regeneración; y de allí a la Pureza, hay un solo
peldaño de la larga escalera al cielo."
Decía la Maestra: "Con este trabajo, el revoque de
rusticidad amasado en el espíritu como la sal en el pan,
se formará de esencias ya mejoradas en camino a lograr su
regeneración, que al fin será Todo en Dios, su parte
integrante."
"Recibamos la Cosecha humana como tabla de salvación,
para la maldad; los que son buenos en conciencia, sentimientos y
obras en bien de la humanidad nada tienen que temer".
"Dios supo hacer: Su ley se cumple inexorablemente para nuestro
bien, es decir, para llegar, por fin, a ser esencia Pura-Dios."
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