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¿Existe Díos?, dice la Madre, ¿Pero
dónde está Dios?, dicen muchos. Dios está en
todas partes del Universo, en el agua, en la tierra, en las plantas,
en los animales, en el aire que respiramos, en nuestra conciencia;
pero no lo sentimos, porque Dios es amor, Dios es nobleza, Dios
es la verdad, Dios es la justicia, Dios es la caridad, Dios es el
perdón, en fin, Dios es Todo, y no lo encontramos a Dios
porque no sabemos perdonar, somos egoístas, orgullosos, celosos,
nos llamamos hermanos, y en vez de levantar al caído, como
reza la ley de Dios, lo criticamos para hundirlo más en su
desgracia.
Dichoso de aquel que escucha la voz de su conciencia; ese ya encontró
a Dios, no necesita nada, ya tiene todo, como dice Santa Teresa
de Jesús: "Quién a Díos tiene, nada le
falta, solo Dios basta."
La Madre nos dio un ejemplo de esto, Ella repartió
todos sus bienes materiales a los necesitados, y sin embargo nunca
le faltó nada, porque ella no le daba cabida al mal, y por
eso nos decía: "¿Queréis que os haga a
vosotros lo que ha sido bueno para mí?" y no crean ustedes
que la Madre decía eso porque con esas solas palabras
podía aliviar nuestros dolores y nuestros padecimientos,
no queridos hermanos. Ella vino a enseñarnos a conocer al
verdadero Dios, porque conociéndolo ya sabremos defendernos
del mal oculto; y no sólo eso, sino que también sentiremos
la alegría de enseñarles a los espíritus que
nos rodean lo que ha sido bueno para nosotros, como decía
la Madre; por eso les recomiendo siempre en el recogimiento
que hay que dialogar con ellos y enseñarles todo lo que nosotros
hemos aprendido en el colegio de la Regeneración; pero más
pronto aprenderán ellos si nosotros rechazamos todos los
vicios y pasiones mundanas, y haciendo buenas obras y poniendo mucha
atención en las conferencias que nos impartía nuestra
Madre y nosotros leemos en los templos.
Hermanos, si nosotros damos valor a las palabras de nuestra Madre,
que es la palabra de Dios, si interpretamos cabalmente sus enseñanzas
y además las ponemos en práctica, habremos ganado
la mayor de las fortunas, porque esas enseñanzas nos servirán
para este mundo y para el más allá, y no nos preocupemos
por nosotros, que no nos faltará lo necesario para nuestras
necesidades; pensemos en nuestros hermanos que no tienen la dicha
inmensa de conocer a Dios y viven por ello en la peor de las tinieblas.
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