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"Sé feliz cambiando tus sentimientos de maldad en sentimientos
de bondad, para bien de todos y de ti."
Todos somos hijos de Dios y, en consecuencia, hermanos por aquella
causa-verdad. Y si todos hiciéramos cuanto nos sea posible
por respetarnos, considerarnos, perdonarnos y compadecernos, nos
encaminaríamos sin error al amor hacia nuestros hermanos,
que es el Único camino que conduce a Dios, a donde, todos,
tendremos que llegar.
No
fue reconocido, Jesús, como Dios mismo, por sus palabras,
sino por sus obras. Obras de amor. Si Jesucristo hubiese sido reconocido
tan sólo por sus palabras, la Tierra estaría hoy,
llena de "Hombres-Dioses": Uno solo es el camino que conduce
a Dios y ese camino está formado, no de palabras de amor,
sino de obras de amor hacia la humanidad.
Porque ya lo dijo el Maestro, tomándolo como estandarte
de su Misión nuestra Madre: "Obreros de mi obra
quiero yo haréis lo que yo hago, cada cual según sus
obras." Solo se es cristiano, de verdad, imitando fielmente
a Jesucristo en sus obras. La Madre María no vino
a imitar sino a cumplir la misma obra y con su ejemplo, a aclararnos
que cumplir la obra es introducir el más puro amor... de
Dios, y no aquello que expresa: "Ojo por ojo, diente por diente,
con la vara que mides serás medido." La vara de "medir"
que tuvo Jesús y la vara de "medir" que tuvo nuestra
Santa Madre, no fue, precisamente la de "sacar un ojo
porque tú me sacaste un ojo" sino que fue de amor y
perdón al equivocado. Ni tampoco "al que a hierro mata
a hierro muere", porque obrar como Dios quiere que obremos,
u obrar cristianamente, no es usando el mismo hierro con que tú
me has herido, para herirte, sino el amor. Porque Dios no da armas
en su nombre para matar al hermano semejante, porque su única
arma es Amor y Perdón, Paz y Armonía.
Cómo, sino, podríamos emparentarnos con aquella Verdad
que nos señala el camino que al frente tiene una leyenda
que dice "Ama a tu prójimo como a ti mismo" ¿Y
como nos amamos? Explotándonos, engañándonos,
mistificándonos, despreciándonos hasta el odio: ¿Hijos,
esa es la verdadera obediencia a Dios?
Sin embargo, la humanidad aun no ha podido comprender que para
llegar a su destino, Dios, tiene que transformar de su espíritu
la inútil venganza "ojo por ojo, diente por diente,
con la vara que mides serás medido" y edificar en su
lugar todo un cielo de Amor, para poder devolver bien por mal. Porque
es mentira, contrario a la Verdad, cuando se dice por ahí:
"la ira de Díos" o "la maldición de
Díos" o "el castigo de Dios": Díos
carece de tales "atributos" que son fruto del mal, sencillamente
porque la "Esencia Pura Dios" carece de la más
mínima partícula del mal. ¿Acaso pretendemos
inculcar la obediencia a Díos a base del miedo a irritarlo,
a sus maldiciones y castigos? La obra de Díos -por sí
misma- destruye todas estas equivocadas creencias. ¿A dónde
iríamos a parar si le tomamos "miedo" a Dios? Sencillamente,
al mal.
En nosotros sí que hallaremos ira, maldición y castigo.
Mas, si nosotros, en nuestro estado de imperfección, producimos
pensamientos y obras de ira, castigo, maldición y demás,
por qué hemos de considerar que ello es también en
Dios. El es la fuente pura y clara de la verdad. ¿Si el hombre
miente para tapar su vergüenza? ¿Qué verguenza
querrá tapar lo perfecto, Sabiduría Dios? Cuando el
Espíritu Santo, Díos en Jesucristo, soportará
las peores amarguras, sufrimientos y hasta el suplicio a qué
la humanidad de entonces lo llevó a pasar, no se manifestó
en EL ni antes, ni en la cruz ni después de la cruz, ninguna
ira, ni maldición, ni castigo, sino el Perdón verdadero,
emanado de Díos mismo. "Perdónalos, Padre mío,
son ignorantes, no saben lo que hacen": fue algo así
como abogado nuestro para pedirle al Padre lo que Jesús sentía:
Perdón.
Tememos encontrar la ira, la maldición y el castigo en nosotros
mismos: Pues entonces, busquemos descubrir la causa del mal, que
en nosotros está, para librarnos de ella: "mas, sin
lucha es imposible". Porque para imitarlos, siquiera, a Jesús,
o nuestra Madre, tendremos que quitar de nuestros espíritus
toda la causa de nuestro mal, que no es otra que ignorancia amasada
en nosotros, como la sal en el pan.
Jamás llegaremos a ser cristianos de verdad si no introducimos
la verdad en nosotros, para quitar la maldad y proscribir la mentira
y la falsedad. Porque no se trata de que nos bauticemos por el nombre,
sino por lo que significó el nombre o título de Cristiano:
Cristiano significa ser hijo fiel, obediente a la voluntad de Dios
Padre únicamente, como fue nuestra Madre y como fue
nuestro Señor Jesucristo. "Con palabras se miente...
Los hechos son la realidad."
La base de la enseñanza de Cristo, como la de nuestra Maestra,
Madre en Regeneración, no fue solo la "teoría"
acerca de las leyes de la Verdad de Díos, sino la practica
de lo que las palabras dicen, es decir que se dice y se hace: Lo
que dijo Jesús "Hareis lo que hice" cada uno según
sus obras.
Así siente y piensa la Comisión de Prensa.
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